miércoles, 9 de marzo de 2011

FEMINISMO Y PIN-UP

"Se busca mujer guapa, inteligente, licenciada, máster y doctorada. Imprescindible idiomas y discreción. Abstenerse feministas pin-up".

¿Durante cuánto tiempo vamos a seguir pensando que la mujer está encerrada en una dicotomía imposible de conciliar? La que tiene belleza y luce sus encantos no tiene cabeza o viceversa, si tienes inteligencia (y/o eres feminista), tienes que ser discreta (o fea).

Me niego.

No deberíamos censurar la imagen física y asociarla a un determinado tipo de mujer.

Las mujeres capaces de recuperar sus atributos femeninos, no necesariamente travestidas de hombres para ser oídas, no somos un raro espécimen que avergüence al feminismo, sino el resultado de la evolución y la lucha, una vez superados los prejuicios sexistas.

Lejos quedan iconos como Marilyn Monroe o Brigitte Bardot tildadas de guapas y tontas en la década de los sesenta. (Ya quisieran algunos/as ser tan sumamente tontos).


En el pasado, la rara, la intelectual, debía ocultarse tras un pseudónimo, apariencia o vestimenta masculinas. (Recordemos a George Sand o a Margaret Thatcher).

Sé que algunas de mis amigas y compañeras han tenido y tienen que masculinizar su imagen (sobrios trajes de chaqueta y pantalón) para defender sus posturas en el mundo de los negocios y el marketing internacional, o en sentido opuesto, utilizar escote, tacones y un bonito rouge à lèvres para defender sus criterios en un entorno laboral mayoritariamente masculino.

Pues me niego.

Me niego a entender que la altura de mi falta determine la contundencia de mis razonamientos (sean o no feministas).

Me niego a que la “infelicidad mental” me estrese pensando en el modelito que toca, según la reunión de turno o el discurso que impere.

¿Los hombres lo hacen?

Hay una violencia real hacia la mujer para que no acepte su cuerpo y adapte su apariencia física, según el momento.

Yo visto cómo me gusta y me encanta seducir (a mi pareja, a mis amigos, a mis amigas, a mis sobrinos, a mis padres, a mi hermano, a mis alumnos, a mis alumnas, a mis profesores, a mis profesoras, a mis jefes, a mis jefas…)

Ojalá pudiese subirme a esas plataformas de infarto que luce nuestra “pin-up” más ilustre sin que me reventasen los pieses: los zapatos-sandalia con antifaz y súper plataformas, de Armand Bassi que llevaba Doña Leticia en Mallorca este verano.

Aunque yo soy más Pin-up francesa, de bailarinas planas.

Carla Bruni, monísima de la muerte

Seamos como seamos, vistamos como vistamos, lo importante es que se tenga en cuenta que las mujeres, en la actualidad, no necesitamos disfrazarnos de heroínas para serlo (aunque están tan monas...)

Cuando Willian Moulton Marston creó a Wonder Woman en 1941, como un modelo de conducta feminista cuya misión era llevar a un mundo desgarrado por el odio del hombre los ideales de las amazonas de amor, paz e igualdad sexual”, estaba abriendo el camino de otras heroínas con fuerte personalidad como Djinn, un derroche de sensualidad dibujado por Ana Miralles (a quien tuve la suerte de conocer en un curso sobre erotismo en el cómic).

Wonder Woman

Djinn

Ganador del Gran Premio del XXVII Salón Internacional del Cómic de Barcelona.

Ser feminista no es ser guapa, ni fea, ni tener más ovarios o más cojones, ni vestir de una determinada forma o de otra. Ser feminista es estar conectada con todas las mujeres del planeta y luchar porque nuestros derechos no se vulneren.

http://www.youtube.com/watch?v=OqIRI5RD7os&feature=player_embedded#at=86

Ay! Si esto lo hubiese pensado Heidi…

http://www.youtube.com/watch?v=EoEeR53fxFs&feature=related

Vivan las Pin-up!!!!!

http://www.youtube.com/watch?v=iqRJv4tTkkY&feature=player_embedded#at=12

sábado, 5 de marzo de 2011

FUNES, EL MEMORIOSO


Se supone que soy historiadora y que, por tanto, debería sentir una especial inquietud por rescatar del pasado grandes imperios, sus tragedias, sus injusticias.

El pasado mes de febrero, mientras recorría las salas del Reina Sofía, tuve la sensación de pasear por las páginas del libro de historia de mis alumnos de 4º de ESO. Todas las obras tenían una connotación política que aludían a las ideologías del siglo XX y los frutos amargos del totalitarismo, los peligros del amor a la Patria y los nacionalismos. Perdí la sensación de estar en un Museo de arte contemporáneo, de disfrutar con la visión experimental de unos artistas que innovaron en lenguaje y forma. El recorrido se transformó en una madeja gris, dolorosa y oscura. Supe entonces que memoria e identidad no son elementos fijos, sino representaciones o construcciones en constante revisión para que encajen en nuestra identidad actual, en el modelo de moda.

"El Guernica". Pablo Picasso. Museo Reina Sofía. Madrid

"El Guernica". Pablo Picasso. Museo Reina Sofía. Madrid.
(Imagen cedida por Pedro Alarcón)

Luis Quintanilla. Serie "La España negra de Franco", 1939.

Luis Quintanilla. "Dibujos de la Guerra", 1937.

Francisco Mateos. "El estado mayor", 1937.

La presión es grande. Los estados necesitan una memoria institucionalizada. Existe una necesidad creciente de sacar a la luz los episodios oscuros del pasado, de conocer a los afectados en nuestro país por persecuciones, violencia, condenas o sanciones durante la Guerra Civil y la Dictadura; de recuperar del olvido, la gloriosa unas veces y mediocre otras, verdadera historia de España.

¿Pero no contradice esto al placer de vivir? ¿Por qué tanto empeño en recordar a los muertos? ¿Nos honra más la justicia con los que ya no están o con los que aún viven?

Somos un país de homenajes. No hay centenario que se nos resista, aniversario para el que no se prevean los festejos oportunos, ni oportunistas que se aprovechen de ellos.

Cuando escucho a la directora de la “Casa Árabe” decir que los estados islámicos quieren protagonizar su propia revolución y Occidente no debe intervenir en el proceso, tan sólo apoyar la transición, me da escalofríos (no tanto por los que ya no están, los masacrados en los bombardeos, sino por los que malviven en los campos de refugiados de ACNUR, con un futuro incierto). Supongo que ya tendremos tiempo de rendir homenaje con un modernísimo monumento a los caídos o al “civil desconocido”.


Monumento en recuerdo a las víctimas del 11-M.

Estación de Atocha. Madrid.

Con esto, no quiero decir que no sienta que una madre tenga derecho a saber qué pasó con su hijo o su esposo secuestrados.

Trabajos como el que Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) expone en la Casa Encendida, merecen mi respeto. Con él, no sólo nos hacemos una idea de las miles de personas que desaparecieron en Chile durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, sino de la lucha privada de los familiares, de aquellos que nunca pudieron enterrar a sus muertos.

Familiares de Elias Fuentes dibujan su figura
y recuerdan sus cualidades antes de recibir sus restos ya identificados.
Santa Marta (Colombia). Febrero de 2010.

Doris Meniconi con el oso de trapo de su hijo Isidro Miguel A. Pizarro,
desaparecido el 19 de noviembre de 1974.
Santiago (Chile). Marzo de 2000.

Domicilio de Héctor Veliz Ramírez, desparecido el 15 de abril de 1976. Santiago (Chile). 2008.

El fotoperiodismo ha jugado un papel estelar en el siglo XX, como disciplina para la denuncia y la resistencia; sobre todo, en conflictos armados.

¿Pero hacia dónde deberíamos inclinar la balanza?

¡Ay! (léase cómo suspiro largo para poder continuar)

Últimamente es como si sintiese que el mundo está dividido entre dos opciones: Los que deciden huir de los recuerdos y los que prefieren vivir para recordar.

Entre los segundos, destacan los trabajos desarrollados por las artistas valencianas Patricia Gómez & María Jesús González. A través de la intervención en el interior de edificios y espacios deshabitados, llevan a cabo un trabajo de estampación de grandes superficies sobre tela, con el objetivo de extraer un registro material de su estado y generar un archivo físico y documental que permita conservar la memoria y la historia de lugares que han dejado de existir.

Su proyecto expuesto el pasado ARCO, “Si las paredes hablaran”, está compuesto por un texto inédito de John Berger, un arranque mural original y 10 fotografías digitales (edición de 25 ejemplares).



Hoy, parece que lo propio es recordarlo todo y, para ello, nos valemos de multitud de dispositivos –calendarios, agendas virtuales, memoria electrónica-. Para complicarlo más, nos dispersamos en la red, simultaneando identidades en los blogs, chats, redes sociales o foros que frecuentamos. Somos un complejo de cargas afectivas diseminadas con más o menos maquillaje, según convenga.

Nos estamos convirtiendo en “Funes, el Memorioso”.

Pobrecito, Borges le inventó el mal de recordarlo todo, la imposibilidad del olvido. Con diecinueve años, este personaje de ficción, se dio cuenta de que no podía olvidar nada. Funes lamentaba tener “más memoria en mismo que cualquier otro hombre haya tenido desde que el mundo es mundo”.

“Mi memoria, señor –decía-. Es como un basurero”.

¡Qué pesadilla!

No sé si es porque esta carga emocional pesa demasiado o porque insisto en recuperar “la levedad” como planteamiento vital o porque el personaje principal de la novela que estoy escribiendo huye de su pasado e intenta borrar su identidad… Pero, me interesan más las propuestas de los que se afanan en borrar, borrar y borrar.

Como Ignacio Bautista (JustMad 2011) y sus intervenciones sobre periódico con lápiz pastel para deshacerse de los personajes fotografiados y reconstruir los escenarios.


O los retratos intervenidos por Gabriel de la Mora (ARCO, 2011), en su proceso de destrucción del pasado.

Supongo que recordamos para conocernos, para garantizar nuestra posición en el mundo y su continuidad en el futuro. Si es así, hagámoslo con delicadeza, con honestidad; sin ruido.

Como mapea su cuerpo la artista madrileña María Domínguez, rastreando el pantone de su piel, cartografiando los lunares, -lesiones dinámicas que dinamitan la dermis de constelaciones- como una astrónoma inquieta que busca conexiones sobre la silueta celeste de su cuerpo, fabricando deliciosas piezas cerámicas para sus huecos.




Como el miedo, dibujado por Aitor Saraiba contra el desamor, contra el olvido, en sus dibujos mínimos sin pretensiones, grandiosos en contenido.



Hagámoslo con pequeños, casi invisibles, puntos de sutura...

lunes, 28 de febrero de 2011

EL PONY COLORADO


Narcis Gironell

ART MADRID

¡Cuidado, que te vas a caer!”, “¡no vayas allí, que es peligroso!”.

El resultado de la sobreprotección es la inseguridad.

Los padres sobreprotectores niegan a sus hijos la oportunidad de explorar el mundo, de equivocarse.

Niños nerviosos, tímidos, inseguros que muestran una dependencia extrema hacia sus padres (sobre todo hacia mamá).

Las emociones negativas son necesarias y es necesario que sean los niños quienes las resuelvan.

Los padres exigen muchísimo del sistema educativo, pero la educación comienza en casa.

El tema es el siguiente:

Hace unos días terminé de leer “El pony colorado”, de John Steinbeck. Luego lo comentamos en el taller de escritura. Me pareció interesante destacar la forma en la que Steinbeck (en este libro de cuentos de base autobiográfica) nos traslada sus vivencias a los diez años; una realidad no exenta de crudeza que, hoy día, parece disgustar a algunos lectores.

“Abajo, en un de los pequeños claros de maleza, yacía el pony colorado. Desde la distancia, Jody pudo ver cómo sus patas se movían lenta y convulsamente. Y en un círculo a su alrededor se habían posado las águilas, esperando el momento de la muerte, que conocían muy bien.

(…)

La primera águila se posó sobre la cabeza del pony y alzó el pico, que chorreaba el oscuro fluido del ojo. Jody se arrojó sobre el círculo de aves como un gato. La oscura cofradía alzó el vuelo en una nube, ero la más grande, posada sobre la cabeza del pony, fue demasiado tarde. Cuando saltó para emprender el vuelo, Jody la cogió por la punta del ala y la arrojó al suelo. Era casi tan grande como él. El ala libre le golpeó en la cara con la fuerza de un garrotazo, pero no la soltó. Las garras de aferraron a su pierna y los extremos de las alas batieron a ambos lados de su cabeza. Jody tanteó ciegamente con la mano libre. Sus dedos encontraron en cuello del ave que se retorcía. Sus ojos rojos le miraron, serenos, sin miedo, fieros; la desnuda cabeza giró de un lado a otro. Entonces el pico se abrió y vomitó un chorro de fluido putrefacto. Jody dejó caer una rodilla sobre el enorme pájaro. Le sujetó el cuello contra le suelo con una mano y con la otra buscó un trozo de afilado y blanco cuarzo. El primer golpe rompió el pico por un lado, haciendo que manara sangre de las agrietadas comisuras lustrosas de la boca. Volvió a golpearlo y esta vez erró. Los ojos rojos, sin temor, aún le miraban, impersonales, sin inquietud, indiferentes. Golpeó una y otra vez hasta que el águila cayó muerta, hasta que su cabeza fue una roja pulpa. Seguía golpeando al pájaro muerto cuando Billy Buck lo arrancó de allí y lo sujetó firmemente para calmar sus temblores”.

Con la lectura, se me ocurrió pensar que los niños de hoy están anestesiados, envueltos en una burbuja de cristal, en la que la muerte (la más real de todas las vivencias) aparece como un tema tabú.

Yo he visto más de una lagartija destripada gracias a que algún amigo de la infancia me persiguió para enseñármela, he asistido al entierro de una tortuga anoréxica que se negó a comer y a la tragedia de la jaula repleta de plumas y sangre de mis cinco preciosos canarios, devorados por una asquerosa rata con la que acabó mi padre una noche de invierno (de un tiro certero, con su escopeta de caza).

Y aquí estoy. He sobrevivido y sin traumas.

Recuerdo que el diciembre pasado, en el Museo Reina Sofía, visitando la exposición del fotógrafo José Val de Omar, me llamó poderosamente la atención un video familiar en el que aparecía un niño (uno de sus hijos) con un cuchillo enorme, intentando pelar una fruta.

Pensé: Igualito que ahora, que todos los cubiertos son de colorines y plástico, modelo Ikea. Hoy le das a tu hijo un cuchillo así y te denuncian. Te juegas la tutela, vamos.

De la colección permanente del Reina Sofía, es esta otra imagen, de Walter Rosenblum. "Lavando ropa", 1946.


¿Se morirían estos niños de un resfriado? ¿Es esto políticamente correcto?

La infancia es un maravilloso lugar para la experimentación. Está llena de posibilidades. Si animamos a nuestros pequeños (hijos, sobrinos, hijos de amigos…) a descubrir por sí mismos cuáles son sus posibilidades y experimentan situaciones de éxito, ayudaremos a que su autoestima crezca, formando así a personas independientes y seguras.

Últimamente, está de moda el hiperrealismo artístico y la afición por la creación de niños-monstruos (sobre todo en ARCO y ART MADRID). ¿No deberíamos plantearnos qué clase de infantes estamos educando?


Escultura de Noe Serrano

ARTMADRID

Niños orlados de un envoltorio contra la tristeza, el dolor, el padecimiento. Como esos santos de las iglesias en sus hornacinas, acariciados por un rayo del sol débil y renqueante. Bucólicos niños en su pedestal. Coleccionables.





Esculturas de Efraïm Rodríguez

ARTMADRID

Me encanta ver a los niños ocupados en cualquier historia (su cuaderno de dibujos, los cuidados de su mascota, aprender a montar en bici, a tocar el violín, sus patines, sus cómics…)

Exigir ciertas tareas, obligaciones o responsabilidades no significa la negación de cariño y apoyo, sino un regalo extra, una ilusión. Recuerdo el entusiasmo con el que cuidaba a mis muñecas (que aún conservo, por cierto) o al gorrión que un buen día decidió salir volando de mi hombro para no regresar más (comprendí por qué lo hizo cuando me lo explicó mi padre).

A Jody, el protagonista del relato, su pony le cambió la vida.

“Un pony colorado le miraba desde el pesebre. Sus tiesas orejas estaban desplegadas y en sus ojos brillaba una luz de desobediencia. Su pelaje era áspero y espeso como el pelo de un terrier y la crin era larga y estaba muy enredada. La garganta de Jody se secó y se le cortó el aliento. (…) Tendió sus manos hacia el pony. Éste acercó su hocico gris, olfateando ruidosamente, y luego los labios se abrieron hacia atrás y los fuertes dientes se cerraron sobre los dedos de Jody. El pony sacudió la testuz arriba y abajo y pareció reírse con regocijo. Jody se miró los dedos magullados.

-Bueno –dijo con orgullo-. Bueno, supongo que tiene derecho a morder.

Tras la llegada del pony, Jody ya nunca más esperó a que el triángulo le sacara de la cama. Adquirió la costumbre de levantarse antes incluso de que lo hiciera su madre".

Os dejo con “Dusk”, un maravilloso video de Erwin Olaf, recién traído de mi visita a ARCO.




Seguro que si viene el lobo se asusta con tanta corrección...


Yasam Sasmazer

Berlin Art Projects

JUSTMAD

miércoles, 8 de diciembre de 2010

MADRID. DESTIEMPOS

Regresas en otoño. El frío te pincha la cara.

Roberto Montenegro.

En día de Frío.

Blanco y Negro, núm. 1397, 24 de febrero de 1918.

Museo del dibujo. Colección ABC. Madrid.

Resuenan en tu jaula las palabras del poeta: “Hoy es siempre todavía”.

Ilustración de Lady Desidia.

La Antigua. C/ del Pez, 2. Madrid.

Imaginas que no hay límites para lo efímero, para lo que nos obsesiona aunque no podamos poseerlo.

Imaginas que aquel momento imperceptible en el que te rompieron sus besos encontrará su lugar en el recuerdo, que mucho tiempo después de saciar tu apetito, sobrevivirá.
Imaginas que resistirá el deseo que sentiste, los mordiscos que te horadaron, la repetición obsesiva de aquellas imágenes en la memoria viva que eres.
Agitarás el sobrecito cerrado de momentos sublimes sin fecha de caducidad y lo cortarás con los dientes disolviendo su contenido en palabras, fabricando una novela que te llevará tiempo y sonrisas y algunas lágrimas (siempre supiste canalizar la energía, transformarla).



Una exposición de Arte

Hans-Peter Feldmann

Museo Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

(Fragmentos robados para elaborar la ficha de Daniela y el organigrama de la novela)

Sabes que lo efímero es eterno porque eres escritora, porque puedes exiliarte al “sitio de las personas que no tiene sitio”[1].

Lo sabes desde que entraste en la Casa Encendida y te dejaste enredar por los hilos de Chiharu Shiota y sus palabras sinceras sin sonido.

Cuando tenía nueve años, hubo un incendio en casa de nuestro vecino.

El sonido de la madera que ardía me despertó.

¡Papá! ¡Fuego!.

De repente, vi algo terrible: un piano quemado se erguía en la esquina de la habitación.

El piano había perdido su sonido.

Era más hermoso que antes.

El viento llevó hasta nosotros el olor del fuego apagado.

El humo me había hecho perder la voz.

Siempre llevo ese silencio conmigo.

Cuando intento expresarlo, no encuentro las palabras necesarias.


In Silence
Chiharu Shiota
Exposición On & on.
La Casa Encendida. Madrid.
Lo sabes por el color marchito de la tela de fresas que Claire Morgan ha dispuesto en torno a un grajo muerto.

Enmohecidas, las fresas se deslizan lentamente por el suelo, avanzando por él.

La obra habla del tiempo, de cómo es posible manipular nuestras previsiones sobre él.

Habla de la muerte, del drama y la quietud asociadas a ella.

La muerte real visible en la obra (o la muerte de la obra) llega de forma tranquila, con un silencio, una velocidad y una minuciosidad imperceptibles que todo lo envuelve.



Down Time

Claire Morgan

Exposición On & on.

La Casa Encendida. Madrid.

Lo sabes por la “sombra de lluvia” de Goldsworthy.

Por el rastro visible que su cuerpo dejó en Times Squere esperando el aguacero.

Una sombra seca borrada por la lluvia.

Un gesto mínimo y fugaz -como toda su obra-.

Three New York Rain Shadows

AndyGoldsworthy.

Exposición On & on.

La Casa Encendida. Madrid.

Lo sabes por el baile de pájaros que huye a tu paso y compone una extraña melodía en la instalación diseñada por Céleste Boursier-Mougenot

El objeto fijo, cerrado sobre sí mismo, me aburre.

Quiero que lo que produzco me sorprenda y me cautive porque revele formas de música potenciales.

Cuando pongo hierba en una pajarera no es tanto para que quede bonito como para que los pájaros se entretengan haciendo el nido.

Aviario sónico

Céleste Boursier-Mougenot

Exposición On & on.

La Casa Encendida. Madrid.

Lo sabes porque te entretienen los experimentos de Gerda Steiner y Jörg Lenzlinger. Figuras coralinas que surgen de una solución acuosa y evolucionan según la situación y el clima. Un fertilizante magenta que pretende ocultar los disparates tecnológicos del siglo XXI como lo hizo la vegetación selvática que cubrió durante siglos Tykal.


El fertilizante artificial se apodera de una conferencia

Gerda Steiner y Jörg Lenzlinger

Exposición On & on.

La Casa Encendida. Madrid.

Lo sabes porque has paseado la lengua por las paredes de chocolate de Anya Gallaccio. Un barniz de dulzura propio de la caja de bombones que te regaló el chico del jerseys rojo a los quince años.

Allí, en el habitáculo que perfora tus recuerdos, la experiencia visual inmersiva te debilita. Te dan ganas de devorar al desconocido que como tú ha despertado el apetito voraz del deseo. Quieres lamerlo como lames las paredes. Comprobar si es también de chocolate.

En nuestra cultura, prima lo visual, no interactuamos por igual con todos los sentidos.

Sentía curiosidad por crear una obra en la que la parte olfativa fuera más satisfactoria que la visual, por subvertir la idea preconcebida sobre una experiencia escultórica.

Stroke

Anya Gallaccio

Exposición On & on.

La Casa Encendida. Madrid.

Lo sabes porque te derrites y te fundes al calor de las velas que gotean y evolucionan por el suelo, un ciclo eterno de crecimiento y deterioro.

Aspire

Anya Gallaccio

Exposición On & on.
La Casa Encendida. Madrid.
Lo sabes porque se te agolpa la muerte en la garganta y la vomitas espiando los gusanos que se transformarán en escarabajos en la crypte de Michel Blazy, una instalación para representar la transformación última de la materia.

El moho y los micoorganismos del montículo sobre el que reposa una osamenta hecha de huevos y pan se descomponen y apestan.

Es el olor de la muerte que no opone resistencia al tiempo. Al contrario, lo necesita para desarrollarse.

Es el tiempo quien trabaja la obra.

Energías mortíferas

Michel Blazy

Exposición On & on.

La Casa Encendida. Madrid.

Cuando piensas que la muerte podría ser el final paseas por Madrid con los sentidos más despiertos que nunca. La visita a la Casa Encendida los ha desengrasado. Te alegra que existan exposiciones y artistas protagonistas de lo efímero frente a lo duradero (la levedad siempre gana). Te alegra que el proceso desplace a la obra final y que se tomen en cuenta otros factores dentro del acto creativo. Y, sobre todo, te alegra ser tú, espectadora ocasional, quien complete el significado último de las obras.

Te acaricia el sol entre nubes.

El sabor de las castañas asadas se convierte en un festival de otoño.

Hueles la lluvia.

Escuchas los descosidos del viento.


Te cuelas en el Teatro de la Puerta Estrecha en el barrio de Lavapiés y no pierdes detalle.

Te conviertes en una de los quince afortunados que recorren durante hora y media Este sol de la infancia: un viaje iniciático atravesando las puertas y estancias de la pensión de Colliure, un lugar habitado por el tiempo, por el dolor de una madre (Ana Ruiz, la madre del poeta) que nos recibe en su lecho antes de reunirse con su hijo (Antonio Machado) y nos guía hasta Leonor (el gran amor del poeta) que baila sobre la mesa de la cocina como la aparición más hermosa de todas las hermosas que murieron siendo niñas (como la Ofelia shakesperiana que recuerdas a menudo en manos del Millais).


Un carnaval de exiliados y éxodos en un entorno onírico.

Baile de máscaras

Anómimo

Concurso de portadas. Años 20. Blanco y Negro.

Museo del dibujo. Colección ABC. Madrid.

Mutilados que huyen de la Guerra, prostitutas despiojándose la cabezas y los corazones, un barbero que borra identidades, un profesor de Historia sin historia…

Sientes que el tiempo no está en la bibliografía que bebiste sobre estos años, que la Guerra Civil se ha vuelto a escribir en las escenas interpretadas magistralmente por unos actores que no te lo parecen.

Y necesitas, como nunca, que tus alumnos recreen su carnalidad, su precioso vestuario, los delicados encajes de las palabras que te emocionan y aprietas sujetando una cuartilla robada que sobrevoló el último acto:

Ni el pasado ha muerto

Ni está el mañana,

Ni el ayer escrito.

(Antonio Machado murió en Colliure -Francia-, el día 22 de febrero de 1939. A los tres días, falleció su madre. En el bolsillo de su abrigo se encontró un último verso: "Estos días azules y este sol de la infancia").

Otro día o el mismo –has perdido la noción del tiempo- descubres que existe un lugar en Madrid en el que te gustaría vivir a menudo.

La libre

Argumosa, 39. Madrid.

(Cafetería-librería de segunda mano)

Donde disfrutarías escribiendo cómo se conocieron Marcelo y Pandora o en qué momento el artista becado descubrirá su agorafobia.

Te gustaría hacerlo desayunando pan de centeno con aceite y tomate, escuchando Strange Fruit de Billie Holiday y saboreando entre borradores el principio inquietante de “El extranjero” de Albert Camus, el libro amarillo que cayó aquella mañana en tus manos y del que ya no puedes desprenderte.

Hoy a muerto mamá. O quiza ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.” Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.

http://www.youtube.com/watch?v=h4ZyuULy9zs&feature=related

Claro que sí, Hoy es siempre todavía.


[1] Rafael Caumel